Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


28.5.03  :: 20:09

De chavita solía regresar de la escuela a casa caminando, prescindiendo del transporte público y contrariando a mi madre. Caminaba al menos un par de horas y algunos kilómetros por el puro gusto de sentirme fuera. Fuera de casa, fuera de la escuela, fuera de un transporte. Fuera. Aún lo hago. No soy muy fuerte, así que me cansaba (canso), lo mismo si subía (subo) escaleras, que las prefiero a los elevadores. Para eludir la fatiga me acostumbré a fragmentar distancias. Contaba (cuento) los pasos entre las lozas de concreto (con tres zancadas alcanzo dos) y los escalones los subía (subo) por pares. Corro sólo de cien en cien metros y nado de diez en diez. Cura de alcóholico, sólo por hoy, sólo una más. Pero si la fatiga arrecia entonces montó mi gran truco: imagino una larga soga, un pasamanos interminable, al que me aso con la derecha, que un poco tira de mí y me conduce hasta donde voy. Tratándose de casa, casi siempre llegó.

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