Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


26.6.03  :: 08:10

Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha.

Este es un tema que no consigo dominar, a pesar de tener excelente orientación espacial.

No es que confunda las direcciones. Sin lugar a dudas, sé que a un lado están unas cosas, y al otro otras. Que de un lado sale el sol y del otro se pone. Que girando hacia un lado, se abren las llaves del agua y que hacia el otro se cierran. En ello no desatino.

Lo que a mí me ocurre es que no logro hilar las palabras con su significado.

Esto no me sucede con atrás y adelante. Tampoco con arriba y abajo, o entre afuera y adentro, aunque en más de una ocasión haya aclarado que subo hacia arriba o que salgo afuera, pero por distraída, no por desorientada.

Pero lo que me pasa con izquierda y derecha, es tiro por viaje.

Por más que haya pasado horas levantando una y otra mano para vincular los vocablos a con su sentido, izquierda y derecha me siguen siendo dos términos perfectamente vacíos cuyo significado debo construir cada vez a partir de la misma pregunta, ¿con qué mano escribo?

Claro que en lo que lo pienso, en lo que activo la corteza para recordarlo, desespero al pobre que tenga la mala suerte de tener que atender mis indicaciones.

No en pocas ocasiones nos hemos perdido o encontrado a punto de colisión por virajes intempestivos, por la confusión que provoco mientras lo pienso, más cuando hay presión alrededor, entiéndase tráfico.

La última vez que ha sido fatal, fue durante un ejercicio de esos, vivenciales. Yo era una tirana y debía darle órdenes a mi víctima, las que quisiera. A él le traía con los ojos vendados y atado con una cuerda. El problema surgió cuando quisé que corriera. Él, que ya estaba un poco encabritado por el jueguito, a mi orden echó a correr vigorosamente contra las paredes del fondo. Apenas si me dio tiempo de gritar ¡izquierda!, por gritar algo, tras advertirlas. ¡No, izquierda, no! ¡Derecha! ¡No, no, no! En fracciones de segundos, tremendo lío que armé. El instructor se preguntaba cómo podía yo ser tan cruel. Una y otra vez, mi víctima se azotó contra la pared, primero por obedecer, y luego, también. Sin habérnoslo propuesto, resultamos la más exitosa pareja aspirante a sadomasoquista. Quizás Carlitos Oliva tenga razón, cuando dice que no hay maldad, sino ignorancia. La víctima contusa y la verduga (?) ... confusa.

Alguien pensó que si lo dijera en francés ....

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