Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


26.8.03  :: 23:47

¿Palestina? Preguntó refiriéndose a mí el ciclista. No, y me detuve. Pues lo pareces. Que sí, que no, y entablamos conversación. Así pasamos algunos minutos, los dos recargados sobre la barandilla del puente.

Ven conmigo de compras, propuso, y me dio para llamarle un falso nombre.

Yo, que no tenía otra cosa que hacer sino recorrer las calles de Uppsala y me hallaba a gusto en su compañía, me decidí a ir con él. Jalando de la bicicleta, caminamos hasta el centro. Parecíamos pareja y era primavera.

La bicicleta quedó a buen resguardo y nosotros entramos a una boutique.

Una vez ahí, me preguntó él si yo necesitaba alguna prenda. No, dije tras advertir los precios. ¿No encuentras nada que te guste? No sé. Busca, ayúdame a escoger un regalo. ¿Precio? Unos doscientos. Acepté, busqué y elegí algo. Cuando me enfile a la caja. alcancé a verle de reojo, metiéndose entre la ropa el suéter negro que había yo tomado.

La palabra "ladrón" me ardió en la frente.
Salí de ahí con disimulada urgencia y el pulso acelerado.

No te asustas fácil. No lo parece. No te delatas. Querrás decir que yo a ti no te delato. Fuiste tú la causa. Yo no te pedí nada. ¿Precisas algo más? Créeme, nada. ¿Sientes miedo? ¿Será sólo miedo lo que siento? Me pregunté. Él aprovecho mi mutismo para expresarme largamente sus motivos.

Lo siguiente fue la cena. Nunca había cenado salmón, caviar y champagne ni antes, ni gratis, ni sentada en el quicio de una puerta. Fue entonces, a la luz de luna y conmigo arropada en mi suéter negro nuevo, que la tentación se hizo verdaderamente presente.

Robemos autos; antes de que digas nada, escucha, diez mil dólares por cada uno que de aquí nos llevemos a Turquía (todos mis ahorros de un año, pensé), el viaje dura una semana; tú y yo, recién casados, pareja adinerada que viaja en lamborghini; en lo que ellos sacan los manuales, nosotros ya estamos en Italia. Piénsalo bien y contéstame mañana.

Caminamos juntos hasta el monasterio donde yo me había alojado. Antes nunca supe lo que era una noche de insomnio.


Propongo para esta historia cuatro distintos finales,

a) Tuve suerte en que me deportaran de Turquía.
b) Caí sobre mis rodillas, dí gracias a dios por sus bendiciones y me alejé de ahí.
c) Después de varios viajes y otras mercancías, me compré un chalet en la Selva Negra y ahí viví muy feliz.
d) Dígamelo usté.

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