Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


15.12.03  :: 12:13

Érase una vez que era casi un crimen perfecto...

Buenos Aires, tres de la mañana. Siete sujetos salen sin pagar y sin que nadie los detenga por la puerta principal de un bar de Las Cañitas tras una hora de haber infructuosamente solicitado la cuenta.

La verdad, bar y mesera se lo merecían: la cena había sido pésima y lo dicho, en Buenos Aires los camareros no atienden, a menos de que se trate de un sitio para turistas exprofeso, y el sitio, si bien no era turístico, sí resulto ser un sitio de precios majaderos.

Además existía la sospecha, por la cara que la niña hizo, de que por haberle solicitado que recalentaran la carne - cosa que aquí no se hace, si la sirven fría, fría ha de tragarse -, al menos uno de los platos hubiera sido condimentado con algún nutritivo escupitajo. Por lo que tras la media hora que se demoraron en cocina para llevar a cabo el inusitado servicio y los comensales interrumpidos hubieran perdido el apetito – yo, una de ellos -, los platos, como llegaron a la mesa, se fueron.

« Cuando la limosna es grande, hasta el santo duda. », intentó alguien apenas unos días antes en vano enseñarme. Una, que no llegó, tenía un pase para cenar gratis cuatro, en este sitio de cuyo nombre no vale la pena acordarse, y me lo dio a mí para que yo reservase. He ahí el detalle. Lo peor fue que el pase valió madres porque la cena solo es gratuita de lunes a jueves, y era sábado; y lo imperdonable fue haber ido sin saber que eran ¡cuarenta y cinco pesos por cabeza! Eso lo supe hasta que me pasaron al amanecer la cuenta, mesera y galán histéricos. Yo también lo hubiera estado si por no atender a mí me la hicieran, porque el bar seguro que no iba a salir perdiendo.

¿Molestia? No. Existía la posibilidad de que me hallaran y yo creo que ante la anticipación no hay sorpresa. Un poco, sí, que llegaran tan temprano y que cuando pedí tiempo para pensar – recién despertada, no podía - que me amenazarán con llamar a la policía. Un poco de pena con el administrador del hotel por el pancho (a la mexiquen), pero la verdad es que cualquiera que haya pagado alguna vez en su vida una cuenta excesiva, sueña, con alguna vez en su vida cometer el crimen perfecto.

Por lo demás, la pasamos muy bien. Bailamos rico, buen show y celebramos la comisión de nuestro crimen, cuando aún ignorábamos haber fallado, con júbilo, papas fritas y cervezas, varias, por cuenta de su autor intelectual.

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