Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


4.5.04  :: 13:03

Quisiste ignorarme. Debí callarte, subir la voz y decirte, que si quieres que trabaje contigo me permitas hacerlo. Detesto seguir órdenes sordas. Al final lo que decidiste fue lo mismo, pero por otros motivos y luego de que aprendiste de lo que yo expuse.

Lo que me enferma es el desgaste por hacerme oír, primeramente, y que cuando me dices no, me lo quieras dar envuelto en alguna moraleja, como si te faltaran ... valor para decirme que no te gusta, que no quieres, y fuera mía la responsabilidad de tus decisiones.

Dudo que tenga que ver con mi trabajo. Si así fuera no querrías tenerme en tu equipo ni te arrepentirías de tus malas actitudes, como el día en que te dije que abandonaba el barco. Creo que este tipo de reacciones tienen siempre por objetivo ubicarme debajo de tu mando. Quizás sientes que te desafío.

¿Porqué me retienes? No soy tu tipo de socia. Me sobra la iniciativa que a otros no les perdonas. ¿Quieres mi obediencia? ¿No sabes que no está en renta? ¿Porqué quieres que haga trabajos que luego ignoras? ¿Porqué me pagas si no te sirvo? ¿Porqué insistes en aplastarme? Cómo se parece tu actitud, querido, a la de los hombres que se han de mí enamorado.... Lo malo es que nunca he tenido la paciencia para ver en qué acaba el conflicto.

*

¿Cómo viste a mi pareja? Les vi bien acoplados, contesté.
A tus cincuenta, tras el divorcio y tras un fallido intento de suicidio, empezaste a tomar clases de baile por recomendación terapéutica. La viste. Ella iba en avanzados, así que hiciste extraordinarios para poder bailar con ella.

Quizás fue la primera vez que has hecho extraordinarios por estar a la altura de una mujer. Quizás sea este tu punto de partida. No sé, el ensayo de otra hombría.

Tu ex, que te dejó por mi ex, fue quien siempre se ocupo de todo, desde pedirte matrimonio, hasta arreglar la reja del jardín, hasta de conseguirte las becas para tus investigaciones. Tú vivías tranquilo, trabajando en casa, mientras ella literalmente, se la partía allá afuera. Ella, magnífica, inteligente, bella, ambiciosa, y tú un duende de jardín con dos pies izquierdos. Llegó él, ambicioso, gallo, aventurero. Su plan nunca fue amarse eternamente: él a ella le dio otra vida, ella a él, negocios y a ti te dejó a los hijos.

¿Cómo viste a mi pareja? Les vi bien acoplados, contesté y me preguntaste cómo conducir con suavidad a una mujer en un baile. A punto estuve de decirte cualquier cosa, cuando al ver tus ojos vino a mí con claridad la idea, para conducir se requiere firmeza, suavidad también, pero primero firmeza. Es más, se agradece más la firmeza que el ritmo. La suavidad es cualidad de conducir, pero la firmeza es esencia.

*

He soñado que me llevabas de viaje. Quise recordar más al despertar, pero solo me quedó el recuerdo vago de mirarte extendiendo mapas para planear un itinerario. Ojalá el recuerdo del sueño hubiera sido más claro, porque esa es justamente la sensación que necesito. No creas que soy rebelde por oposición, sino porque no sé ser de otra manera. Jamás me llevaste a ningún sitio, jamás me enseñaste a tomarte de la mano, ni hubo en tu lugar quien lo hiciera. Yo nunca sueño contigo, ni guardo tu recuerdo. ¿A qué viniste anoche, papá? ¿Tienes para mí una moraleja?

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