Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


20.5.04  :: 11:52

Un lago mi sueño, un sueño-lago. De los sueños que aluden al sur, unos son nubes y otros son lagos. Los sueños lago se atraviesan en una barca de inconciencia, mientras que los nubes se sueñan mirándoles pasar desde algún prado.

Muy distintos son los sueños pájaro que se sueñan persiguiéndoles cual gato, en su loco peregrinar por fuentes, ventanas, parques y tejados. Son sueños pequeños, como sueños gorrión o sueños golondrinos, que no deben ser confundidos con los sueños grandes predadores, como lo son las águilas y los halcones, en los que uno remonta las dimensiones presa de sus garras y termina devorado por el sueño o cayendo por escapar de él a algún vacío.

De los sueños pantano uno quiere correr pero tiene los pies enraizados en el fango. Los sueños alga se nos enredan en la lengua y los sueños serpiente hacen nido en los párpados.

Los sueños roca son aquellos de los que uno despierta como si le hubieran apedreado y los sueños eureka son aquellos de los que uno, luego de mucho trabajar, despierta con una respuesta que se olvida en los labios.

A veces los sentidos y los instintos hacen del sueño su espacio y uno no es uno, sino olfato, oído o tacto. ¿Qué cosas sueña un ciego de nacimiento? ¿Habrá quien sueñe salado?

Atravesé pues, un lago - mi sueño lago -, y ya a la orilla de la vigilia, el sueño se me convirtió en pantano. Luché, quise regresar a mi barca, nadar hasta la orilla, no quedarme ahí inmovilizada, pero la lucha perdió sentido en cuanto el sueño se desvaneció en nada. Nada, que no había nada. No era ni lago ni pantano, ni sueño ni vigilia, ni serpientes ni escaleras, solo nada. Tuve de repente la convicción de que eso era y había sido todo. Abrí los ojos y mi corazón fue un pez que fuera del agua agonizaba. Me quedé ahí suspendida, quizás apenas unos segundos, siempre morbosamente atenta, hasta que así como llegó, de repente fue la nada anulada. Un destello. Una luz. Un minúsculo recuerdo. Un impulso casi eléctrico. Un sonido de este mundo y en el corazón se me alojo este colibrí que aletea. Pájaro o insecto, vigilia o sueño, no sé, pero me vivifica su invisible batir de alas y me alucina su metálico brillo y el tornasol de su plumaje y yo emerjo del sopor hecha flor, con el único anhelo de elaborar néctar con que alimentarle.

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