Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


30.6.04  :: 00:59

Las razones que tengo para llegar siempre tarde, a veces son realmente inverosímiles. Solo porque hay quien sabe que no miento, hay quien también sabe que un encantamiento me impide llegar alguna vez puntualmente.

Una llamada importante, no encontrar las llaves o que llegue el gas después de dos días de no tenerlo, son vicisitudes que es normal que me sucedan justo cuando estoy por salir de casa para llegar a alguna cita en tiempo. Quedarme sin gasolina, con una llanta sin aire o detenida en el metro; encontrar tráfico imprevisto, algún rozón entre vehículos o ser detenida injusta o justamente por ignorar un semáforo, son los contratiempos habituales del camino. Llegar y no encontrar la calle o sitio para estacionarme o no traer conmigo una credencial para el registro, son del tipo de reveses que me retrasan ya in situ.

Afortunadamente cuento con un par de ángeles panzones, bien mexicanotes, que casi siempre consiguen que, con quien me haya yo citado, se presente a la cita aún más tarde. Como dice uno de mis clientes, que sí es puntual pero comprende, si yo siempre lo digo, aquí no es Londres.

Sin embargo, a pesar de contar con los malabares de mis ángeles panzones, la adrenalina que me provoca el estar llegando tarde y la tensión que me provoca el tener que teletransportarme siempre en quince minutos y de un extremo a otro de esta hermosa ciudad de 40 kilómetros de diámetro con vías rápidas que en hora pico asemejan macroestacionamientos en los que los aguadores y ladrones caminan impenitentes entre los autos, son verdaderamente extenuantes; además de que llegar retrasada nada tiene de excelente y ser excelente es lo in, ¿no es cierto?

Por eso lucho todos los días, y procuro, siempre procuro.

Pero a mayor interés, más loco el percance. Así ha sucedido que en plena calle se me rompa un tacón, o que al estar por cruzar la puerta de casa, caiga deshecha la jaula de mi pájaro o que me equivoque de día, de café, o aún mejor, de cita.

Pero ayer ...

   Resulta que leí que Nicole Kidman usa una mascarilla de plátano, yogur y miel para mantener lindo su cabello... y yo tenía un plátano y toda la mañana para mis experimentos.

Mi cita era a las cuatro. A eso de las dos me metí al baño. Cuando salí de la ducha, observé que mi pelo - rizado, negro y largo- estaba aún apelmazado con papilla. Dos veces más lavé y enjuague la madeja bajo la regadera. Millones de diminutos fragmentos de plátano seguían pegados a mis greñas. Debí quitar uno por uno bajo el chorro del agua del lavamanos, mientras se me escapaban por el drenaje los minutos que había yo reservado para salir con tiempo suficiente.

Se me ocurrió llamar, pero qué diría, a una cita que he perseguido por días. Me vestí tan rápido como pude y salí pitando. Aún así llegué a mi cita barriendome en Home, con veinte minutos de retraso y varios pedacitos de plátano incrustados en el pelo, que se fueron desprendiendo solitos conforme se me fue secando. Las personas con quienes tenía la cita, afortunadamente aún no habían regresado de comer a la oficina. Si yo siempre lo digo, aquí no es Londres.

Lo bueno es que tuvo lugar la entrevista y que sí, sí me quedó lindo el pelo.

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