Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


12.7.04  :: 12:33

Podría creer que la culpa es de las endorfinas. Sí, ya sé que no es material para un psicoanalista, pero ¿qué quieres que haga? ¿Qué te invente alguna pesadilla retorcida o que afrontemos mi simpleza? Podría hacer de mi vida un nudo sólo para intrigarte, pero la verdad es que es cada vez más llana. Hace tiempo que en mis sueños ya no busco ni huyo ni caigo ni me pierdo ni me siento amenazada; igualmente, han quedado suprimidos de la trama cualesquiera efectos especiales como los vuelos por el aire, los monstruos, las transmutaciones, las hazañas. Creo que a fuerza de despertarme a gritos, espanté a las mismas pesadillas y que por lo pronto, con buscar con qué pagar la renta y prestar oído a las noticias, voy dejando cubierta hora por hora, mis cuotas de ansiedad y miedo cotidianas. No, nada de eso está llegando a mi umbral onírico, sin embargo, tanta paz me tiene preocupada. Como de toda felicidad, sospecho que es efímera y que no tardarán en pasarme a cobrarme la cuenta. No, no tomo nada. Ninguna droga, si eso es lo que insinúas. Nada, ni siquiera tila. Los sueños me llegan así, solitos, sin provocación alguna. Verás, sueño cosas sencillitas, pueriles, como jugar con mi niña a las escondidillas en un largo corredor de sábanas tendidas o a perseguirla en una tienda o que probamos el sabor de todos los helados. Sueño que me escapo en Nueva York de una aburrida sesión de trabajo para buscar donde ir a cenar o una buena función de teatro; o que ayudo a una amiga a preparar una fiesta para su madre en un circo al que sólo se puede llegar en bicicleta o que se da un gran baile en el ala del palacio donde está mi dormitorio. Sí, ya sé que son harto tontos mis sueños, ¡si me han llegado a despertar mis propias carcajadas! ¡De veras! Pero, ¿qué hago? ¿Conseguirme otro guionista? Tú eres quien interpreta los sueños, ¿cómo me preguntas a mí porque no me consigo mejores argumentos? Pero, espera, escucha este último que está buenísimo. Sueño que persigo por la calle a un chico guapísimo que va al mismo gimnasio al que yo asisto; lo sigo y cuando me doy cuenta, va él por el mismo camino que recorro yo para llegar a casa. Ocasionalmente voltea a verme: me ha pillado, y mí me causa gracia su recelo. Termina por hacerse el entretenido en una tienda de comics en la esquina, y como cuando pasó yo a su lado, me interroga con la mirada, sonriente le explico que mi casa queda al otro lado de la acera. Él se ríe y me dice señalando, "¡¿Cómo?! Si yo vivo en ese mismo edificio. Segundo piso". ¡Dime si no es el cielo! La culpa es de las endorfinas, creo, pero a mí lo que verdaderamente me angustia es que... Oiga, tomémoslo con calma: yo no tengo psiquiatra y ¡usted no tiene rostro!

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