Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


11.10.04  :: 13:33

El domingo a los 52 años murió el activista, director y actor Christopher Reeve.

El señor Reeve fue toda su vida un hombre apasionado al que le interesaban los problemas sociales, aún antes de que en una desafortunada caída de caballo se lesionara la columna al caer sobre su cabeza y quedara cuadrapléjico. Consideraba que nadie que no tuviera tiempo más que para estar atento a su propia vida, podía ser exitoso y que los héroes - eso lo aprendió Superman tras el accidente - eran los que intentan.

El hombre que no podía moverse, no dejó de hacerlo; y permaneció vivo y digno. Nunca perdió el interés en la vida.

Alguna vez palpé, aunque de lejos, lo que adaptarse a vivir así representa. Trataba yo entonces con personal que apoyaba en su recuperación a nuevos parapléjicos y cuadrapléjicos, jóvenes adultos los más de ellos, que habían sufrido recientemente un accidente y estaban pasando por el trance de aceptar la vida que llevarían de ahí en adelante. Aún siendo de la segunda o tercer línea, el impacto era durísimo. La primera línea se agotaba tratando de convencer a los permanentemente incapacitados de que la vida seguía teniendo sentido a pesar de que no pudieran sentir o moverse, en algunos casos como el de Reeve, ni siquiera para respirar comúnmente. Admiré mucho a esa gente, enfermeros, trabajadores sociales, médicos y psicólogos, hombres y mujeres, que ponían al servicio del desafortunado su propio sentido de la vida. También admiré las respuestas de muchos de los desafortunados, unas aferradas a la vida, como la de una joven madre; otras que la rechazaban en medio de una gran depresión, pero con sensibilidad e inteligencia. Ahí, entre sus quejas y argumentos aprendí a no olvidar lo frágil que es la existencia.

Es quizás por este antecedente que siempre llamó mi atención el señor Reeve. Haber sido estrella no le ahorró sufrimiento, y sin embargo, nunca perdió pasión por la vida. En su libro autobiográfico cuenta lo duro que era soñar que caminaba y corría y hacía el amor a su esposa, y luego despertar. Quien diga que poder con ello se lo debe a la fama o al apoyo que recibió de sus familiares, sobre todo de su amante compañera, tiene razón en parte, porque ese cariño, esa fama y ese apoyo, él se los ganó desde antes y lo siguió haciendo. Es nuestra filosofía de vida la que determina en toda circunstancia la tónica de nuestras relaciones y la calidad de nuestros actos, esa cosa de la que al final se puede decir fue su vida. Mis respetos.

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