Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


29.10.04  :: 19:01

Yo nací con la luna de plata
y nací con alma de pirata.
Yo he nacido rumbero y jarocho,
trovador deveras
y me fui lejos de Veracruz

Mi abuela no nació cerca del mar, sino entre la sierra y las estribaciones del Pico de Orizaba; pero se le volvió jarocha el alma de tanto cantarnos las canciones de Agustín Lara, quien también se hizo jarocho porque la exhuberancia de la húmeda costa veracruzana le inspiraba. Aún hoy día, que su memoria se le adelanta en el viaje de partida, mi viejita canta las canciones que acompañan sus recuerdos.

Noche tropical, lánguida y sensual,
noche que se desmaya sobre la arena
mientras la playa canta su inútil pena

Cuando alegre, recuerda las serenatas que, incluso siendo ya una mujer madura, llevaron los galanes a su ventana, y la vez que en un baile, el director de la orquesta, le dedicó Mujer.

Mujer, mujer divina (...)
Sabes de los filtros que hay en el amor,
tienes el hechizo de la liviandad

Cuando le da por sumergirse en la tristeza, en su abandono, canta también.

Luna que se quiebra sobre la tiniebla de mi soledad
¿ a dónde vas ?
Dime si esta noche tú te vas de ronda como ella se fue
¿ con quién está ?

Mi madre prefiere las de ritmos más alegres. Las que escuchó en la radio de sus años mozos, aquellas con la que la enamoraron los muchachos, las que la hicieron soñar con otras latitudes, y ya de pareja con mi padre, aquellas que escuchó en la voz del mismo Lara o en la de sus interpretes, en el cabaret. Vida nocturna de un México que desapareció en los 60's.

Señora Tentación de frívolo mirar,
de boca deliciosa ansiosa de besar (...)
Quisiera ser el sortilegio de tus lindos ojazos
y el nudo de tus brazos, Señora Tentación.

Granada, tierra ensangrentada
en tardes de toros.
Mujer que conserva el embrujo
de los ojos moros.

Oiga usted como suena la clave,
oiga usted como suena el bongo.
Diga usted si las maracas tienen
el ritmo que conmueve al corazón.
Última carcajada de la cumbancha
llévate mis tristezas y mis cantares.
Tú que sabes reír, tú que sabes llorar (...)
tú que puedes decir cómo tengo el alma
de tanto amar.

Tu cuerpo, del mar, juguete, nave al garete,
venían las olas, lo columpiaban.
Y mientras yo te miraba, lo digo con sentimiento,
mi pensamiento me traicionaba.

era un "no me olvides"
convertido en flor,
azul
como una ojera de mujer...

Has perdido la fe
y te has vuelto medrosa y cobarde;
el hastío es pavo real
que se aburre de luz en la tarde

Hay en tus ojos
el verde esmeralda
que brota del mar,
y en tu boquita
la sangre marchita
que tiene el coral,
en la cadencia
de tu voz divina
la rima de amor
y en tus orejas
se ven las palmeras
borrachas de sol.

La música de Agustín Lara nos tocó a nosotros también. Estuvo presente en muchas horas de nuestra infancia, en las horas del quehacer cotidiano, en todas nuestras fiestas familiares, en todos nuestros viajes, en todas nuestras navidades. Sus canciones se convirtieron en parte de nuestro bagaje familiar cultural y afectivo, en un modo de comulgar con nuestro pasado emotivo, con los mejores años de estas dos románticas señoras, con las aventuras de mi padre muerto - amigo de "El Flaco" -, hasta convertirse incluso en un "aire de familia".

Rival de mi carino
es el viento que te besa,
rival de mi tristeza
mi propia soledad


"El Flaco de Oro", Agustín Lara, nació un día como mañana, 30 de octubre de 1897 en la capital mexicana, con un cascabel en el corazón, con un poco de tristeza en el alma y con muy poco dinero en los bolsillos, como nacen los jarochos, él decía, por lo que siempre afirmó haber nacido en Tlacotalpan, a la ribera del Papaloapan. Y tenía razón, ahí es donde nace el mito, donde él decidió crear su propia trama.

Su carrera musical se acunó entre cabarets y burdeles, y la compuso a ritmo de tango, de fox trot, de danzón, de son jarocho, de chotis, de pasodoble, pero sobre todo, de bolero. Una mujer celosa le marcó el rostro siendo aún muy joven, rostro que se volvió el icono mexicano de lo bohemio y de lo romántico... hasta lo cursi.

He tocado kilómetros de teclas de piano (...) Soy un ingrediente nacional como el tequila. Pero en el fondo, soy más Werther que Dorian Gray. Soy ridículamente cursi y me encanta serlo, porque la mía es una sinceridad que otros rehuyen... ridículamente. Cualquiera que es romántico tiene un fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición de inteligencia.

Ejercí mi galantería como un sacerdocio, no sé si al final, también como una farsa

Todo lo que aparece en cursillas, fue dicho, compuesto o escrito por Agustín Lara.

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