Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


23.11.04  :: 07:17

A finales de la primera década del siglo XX, un grupo de jóvenes escritores mexicanos, entre los que figuraron el filósofo José Vasconcelos y el ensayista Alfonso Reyes, amén del poeta López Velarde, el filósofo Antonio Caso y el escritor Pedro Henríquez Ureña, fundó el Ateneo de la Juventud con el propósito de acabar con el positivismo evolucionista que había dominado durante el último tercio del siglo XIX y que tan bien había servido para justificar la dictadura progresista de Porfirio Díaz y sus científicos, principal causa de la desigualdad social que condujo al estallido de la Revolución Mexicana.

Éste es el primer esfuerzo serio por constituir, en un país donde privaba lo improvisado, con independencia intelectual, un núcleo de pensamiento que renueve y oriente la vida intelectual y educativa en México; sin el cual es imposible entender la cultura mexicana contemporánea.

Antes de este hecho, todos los valores sociales y culturales que la orientaban habían quedado alienados a lo europeo, primero por imposición durante la colonia y después por voluntad propia. Porque en el México independiente y hasta la Revolución, se adoptaron siempre modelos extranjeros - especialmente franceses y no sólo en el ámbito político -, como bien presagiara para mal nuestro Fray Servando Teresa de Mier en 1823, en su discurso conocido como de las Profecías, en el que instaba precisamente a no hacerlo de espaldas a la idiosincrasia, la historia y la realidad social de México.

Y es que tras la consumación de la independencia y durante todo el siguiente siglo, no hubo quienes tuvieran la experiencia necesaria para crear e instaurar el nuevo orden que la ex-colonia de la Nueva España requería.

« Casi nada sabemos de la historia de México - porque, como no está escrita, para medio entenderla hay que fatigarse entre muchos papeles; pero algún manual hemos leído de la historia de Francia, de la historia de Inglaterra o de la historia de los Estados Unidos, y eso nos basta. No sabemos de motín que no sea explicable por el mecanismo de la Revolución Francesa, ni entendemos de Constitución que no parezca a la Constitución yanqui. », Martín Luis Guzmán, "La Querella de México", 1915.

En primer lugar, las clases medias de la colonia, formadas por criollos y mestizos, habían quedado relegadas, casi tanto como los demás grupos sociales, de los círculos de poder reservados a los españoles peninsulares en la Nueva España, bajo un sistema político prácticamente feudal y el catolicismo ortodoxo de la contrarreforma. Sistemas que se sostuvieron durante la época de la colonia con harta intolerancia.

En segundo lugar, el descubrimiento de América para Europa representó la posibilidad de la Utopía, en nuestro caso de prolongar los ideales españoles en el Nuevo Mundo, y bajo este estigma, lo americano nunca fue un problema acerca de qué era, sino de lo que debía ser. De ahí el desinterés, ignorancia y destrucción de todo vestigio público de la cultura precortesiana (porque en lo privado algo subsistió), acto que además sirvió para que sus valores se superpusieran también dentro de lo simbólico.

Inexpertos en el quehacer político y desconocedores de la nación que pretenden dirigir, incapaces de crear un modelo de nación propio, los nuevos líderes solo podían buscar nuevos modelos a seguir, ajustados a sus intereses particulares o regionales, y lo hicieron en los focos culturales europeos.

El Estado se convierte entonces, no en una expresión política auténtica de la sociedad mexicana, sino en el aparato administrativo y jurídico importado e implantado que tiene por objeto servir de marco a los intereses hegemónicos y económicos representados por sucesivos líderes.

Pero hemos llegado ya a los albores del siglo XX. Europa está a punto de vivir la Primera Guerra Mundial. En América Latina entera, ya que el fenómeno no es exclusivamente mexicano, late la necesidad de una identidad propia como signo de alguna madurez política. Enrique Rodó, pensador uruguayo, publica en 1900 su obra "Ariel", en la que hace un llamado urgente a los jóvenes a la reflexión y a la formación de una conciencia nacional propia.

A este llamado hace eco la fundación del Ateneo de la Juventud. Sus fundadores, jóvenes de 20 años o menos, inician la búsqueda de una filosofía genuina e independiente, de una filosofía que trate de las circunstancias propias de la historia y de la gente de este país, que en tanto, vive la más sangrienta guerra interna.

« No hemos encontrado todavía la cifra, la unidad de nuestra alma. Nos conformamos con sabernos hijos del conflicto entre dos razas », Alfonso Reyes


|

























Los Enlaces




Donde El Viento No Tiene Prisa



Donde Se Detuvo El Viento



Sitios de Información



Sitios para Ver, Leer
y Seguir Buscando



El Archivo



El Fondo



Servicio suministrado por FreeFind






Las Aguas

Blogs México
Bitacoras.com
Blogueratura.com



Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una
licencia de Creative Commons.






[Powered by Blogger]
Weblog Commenting by HaloScan.com
Links
Shirin Neshat