Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


30.11.04  :: 09:36

Natalia Ginzburg

No podemos saberlo. Nadie lo ha dicho.
Quizás allá no quede más que una red desfondada, cuatro sillas de paja desflecadas y una galleta vieja mordida de ratones. Es posible que Dios sea un ratón y que corra a esconderse tan pronto nos vea entrar. Y es posible que en cambio sea esa galleta vieja mordisqueada y mohosa. No podemos saber.

Quizá Dios tiene miedo de nosotros y escape, y largamente deberemos llamarlo y llamarlo con los nombres más dulces para inducirlo a volver. Desde un punto lejano del cuarto él nos mirará fijo, inmóvil.

Quizá Dios es pequeño como un grano de polvo, y podremos verlo solamente al microscopio, minúscula sombra azul detrás del cristalito, minúscula ala negra perdida en la noche del microscopio, y nosotros allí en pie, mudos, contemplándolo, en vilo. Quizá Dios es grande como el mar, y lanza espuma y truena.

Quizá Dios es frío como el viento de invierno, tal vez brama y retumba en un rumor que ensordece, y deberemos llevar las manos a los oídos, y agachados, temblando, replegarnos al suelo. No podemos saber cómo es Dios. Y de todas las cosas que quisiéramos saber, esta es la única verdaderamente esencial.

Quizá Dios es tedioso, tedioso como la lluvia y aquel paraíso suyo es un tedio mortal.

Quizá Dios tiene anteojos negros, un echarpe de seda, dos mastines a los flancos. Quizás use polainas y está sentado en un rincón y no dice palabra. Quizá tiene el pelo teñido, una radio a transistores y se broncea las piernas en la terraza de un rascacielos. No podemos saber. Ninguno sabe nada. Quizá no bien lleguemos nos mandará al espacio a comprarle pan, salame y una damajuana de vino.

Quizá Dios es tedioso, tedioso como la lluvia y aquel paraíso suyo es la consabida música, un revolar de velos, de plumas, y de nubes y un aroma de lirios y un tedio de muerte, y cada tanto una media palabra para pasar el tiempo. Quizá Dios es dos, una réplica de esposos librados al sopor de una mesa de hotel.

Quizá Dios no tiene tiempo. Dirá que nos vayamos y volvamos más tarde. Nosotros nos iremos de paseo, nos sentaremos sobre un banco a contar trenes que pasan, las hormigas, los pájaros, las naves. De aquella alta ventana Dios se asomará a mirar las calles y la noche.

No podemos saber. Nadie lo sabe. Es posible incluso que Dios tenga hambre y nos toque saciarlo, quizás muere de hambre, y tiene frío, y tiembla de fiebre, bajo una manta sucia, infestada de pulgas y deberemos correr en busca de leche y de leña, y telefonear a un médico, y quién sabe si a tiempo encontraremos un teléfono, y la guía, y el número en la noche demente, quién sabe si tenderemos suficiente dinero.

(Vía Rodrigues Na Net)

Hace un año aprendía a caminar yo por las calles de Santiago de Chile. Hoy, que me encuentro con esto, no puedo evitar este sentir - que no sé si sea correcto llamar condolencia o empatía - por todos los que aún siguen llorando cada vez que algún olor, rostro o relato les recuerda lo que vivieron. Y aunque sólo sea con el recuerdo, me manifiesto hoy ayer con ellos ante el Palacio de La Moneda, recorro sus calles, su barrio universitario e imagino los rostros. ¿Quién sufre? ¿Qué sufrió? ¿Quién no? ¿Quién lo está viviendo? ¿En dónde? Quizás sea sólo espanto. Espanto de saber que aún no hay dios que nos proteja de nosotros mismos.

Update: De aquí se puede descargar el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura publicado por la Presidencia de la República de Chile.

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