Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


16.11.04  :: 07:38

« Vemos la luz del atardecer anaranjada y violeta
porque llega demasiado cansada de luchar
contra el espacio y el tiempo.
»
Albert Einstein

En verdad el Caos fue el primero en ser, dice Hesiodo, y apenas un poco después de él, que no era ni nada ni algo, vino a ser Gea: la primera de las realidades.

De ella, mucho más que sólo la tierra, nació Urano, el cielo cósmico, a quien tuvo para que la contuviera.

Eros, el amor universal, tan antiguo como la misma Gea, indujo a madre e hijo a unirse en amoroso incesto. Por Amor se fusionaron El Concepto y la Materia.

Urano ideaba el futuro y al futuro lo gestaba Gea. Así fue como nacieron los Titanes, seis varones y seis hembras, que representan las fuerzas de la naturaleza.

Después de eso, Urano se puso muy loco y los nuevos hijos que les nacieron, hasta él los encontró monstruosos. Así que los encerró en lo más recóndito para no tener que verlos, y se regocijaba en su maldad, sigue contando el poeta en su Teogonía.

Pero Gea, al fin madre, amaba a todas sus criaturas por feas que fueran y deseosa de cuidar de toda su prole, se propuso liberarlos.

No lo hiciera. Apenas se vieron libres, los Cíclopes y los Hetaconquiros - monstruos de cien brazos y cincuenta cabezas -, celosos de la belleza de sus hermanos, los Titanes, pelearon con ellos y las intentaron violar a ellas.

Tal fue la gresca, que Gea decidió encerrarlos de nuevo. Pero no perdonó a Urano por haberla hecho parir criaturas tan malhadadas y brutales.

Pidió entonces a sus hijos que la vengaran. Sólo Cronos, el más pequeño de los Titanes, pero de mente retorcida y que además odiaba a su prolífico padre, osó hacerlo.

Cuando el apasionado Urano se disponía a fecundar de nuevo a Gea, Cronos salió de su escondite, agarró por los genitales a su padre y se los cortó con una guadaña. Luego arrojó por encima de su hombro la carne cercenada lejos, al mar, a Ponto, otro de los hijos de su madre, nacido de ella antes de que Eros la uniera a Urano.

Urano perdió su inagotable potencia creadora al quedar castrado por Cronos, que representa el tiempo, y aún cuando esa no era intención, este severo señor, quien engulle a todas sus criaturas apenas nacen y al que sólo el engaño vence, inició su gobierno.

Mientras tanto, alrededor de los genitales, en medio del tibio mar y durante mucho tiempo, se formó una delicada espuma de la que un día surgió Afrodita y a la que desde el principio acompañaron Eros y Deseo.


El Nacimiento de Venus, Sandro Boticelli

Afrodita, la belleza, surge de la pugna entre Cronos y Urano, entre el deseo de conservar, de preservar las cosas y el de alteración, variedad, cambio. Es la forma en que el potencial creador trasciende dentro de un mundo castrante en el que rige el tiempo.

La Afrodita uraniana incluso parece una diosa poco femenina. No le interesan los asuntos domésticos como lo son la fertilidad, la agricultura, la familia o las labores, que son potestad de figuras que le son hasta antagónicas: Artemisa, Rea, Hera y Atenea.

Ni institucional, ni sabia, ni prudente, ni hacendosa, es sin embargo Afrodita la diosa del amor y de la belleza. Pero no del amor universal, que desde siempre es Eros; ni del amor mutuo ni del matrimonio, atribuciones, eso sí, de sus hijos Anteros e Himeneo. Tampoco es la mera atracción sexual, para eso están Amor y Deseo. Ella inspira amor por ella, no por el otro. El objeto de su divinidad es ser amada por mortales y por dioses.

Ella es la voluptuosidad, la seducción, el placer, es hasta la lujuria, es también la sensibilidad estética. Sus armas son el deleite y el sexo. Nacida del instinto y de la compulsión creadora limitados por el espacio y por el tiempo - las castrantes nociones que enmarcan la autopercepción humana -, busca mediante su contemplación abrir, para bien o para mal, los espacios creativos. No por casualidad unida a Ares, engendró lo mismo a Harmonia que a Fobos (miedo) y a Dimos (terror).

Un sólo instante Cronos está ciego, cuando sin ver arroja al mar los genitales de Urano. Es sólo en esta momentánea ceguera de la conciencia que se produce la experiencia afrodisíaca.


Venus y Marte, Sandro Boticelli

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