Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


28.2.05  :: 11:15

El servidor de mi empresa, donde alojo todas las fotos que muestro en este blog, amaneció malito, irascible y con síndrome de forbidden. Por eso a estas horas sólo se ven cruces y huecos donde debieran aparecer las imágenes que adornan a Asakhira. Y como en Tijuana amanece siempre más tarde, y de allá es mi Internet Service Provider - una maravilla por sólo 55 dólares anuales a la que sólo se le cae el servicio un lunes sí y otro también -, pues aún no hay quien atienda, pero hoy esto no es una tragedia (no me estoy mordiendo las uñas).

No después de haber leído anoche, noche de domingo, una visión del mundo y la historia de el ladrón de Shady Hill, de John Cheever.

Me gusta el sabor melancólico de la esperanza que él captura en estos dos cuentos. Una esperanza solitaria, agridulce, reducida; clasemediera, dicen, ... o de gente que como yo, se esfuerza por seguir siendo media, atrapada entre sus sueños y sus realidades, que hace sólo lo que puede hacer, lo cual no es ni poco ni vano, aunque casi nunca sea ni real ni suficiente.

« ... mi esposa estaba triste.
- ¿Qué pasa, querida? - pregunté.
- Tengo esa terrible sensación de que soy un personaje, en una comedia de televisión -dijo-. Quiero decir que mi aspecto es agradable, estoy bien vestida, tengo hijos atractivos y alegres, pero experimento esa terrible sensación de que estoy en blanco y negro y de que cualquiera me puede apagar. Es sólo eso, que tengo esa terrible sensación de que me pueden borrar. - Mi esposa a menudo está triste porque su tristeza no es una tristeza triste, y dolida porque su dolor no es un dolor aplastante. Le pesa que su pesar no sea un pesar agudo, y cuando le explico que su pesar acerca de los defectos de su pesar puede ser un matiz diferente del espectro del sufrimiento humano, eso no la consuela. Oh, a veces me asalta la idea de dejarla. Puedo concebir una vida sin ella y los niños, puedo arreglarme sin la compañía de mis amigos, pero no soporto la idea de abandonar mis prados y mis jardines. No podría separarme de las puertas del porche, las que yo reparé y pinté, no puedo divorciarme de la sinuosa pared de ladrillos que levanté entre la puerta lateral y el rosal; y así, aunque mis cadenas están hechas de césped y pintura doméstica, me sujetarán hasta el día de mi muerte. Pero en ese momento agradecía a mi esposa lo que acababa de decir, su afirmación de que los aspectos externos de su vida tenían carácter de sueño. (...) Me complacía pensar que nuestra vida exterior tiene el carácter de un sueño y que en nuestros sueños hallamos las virtudes del conservadurismo.
», John Cheever, Una Visión del Mundo, traducción de Aníbal Leal.

... y bueno, ¡a darle al lunes que hay cuentas por pagar!

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