Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


5.7.05  :: 16:51

Fernando Pessoa traducido por Octavio Paz
El loco que extrañaba su propia alma


Bastante metafísica hay en no pensar en nada.

¿Lo que pienso del mundo?
¿Sé yo lo que pienso del mundo?
Si me enfermase, pensaría.

¿Qué idea tengo de las cosas?
¿Qué opinión sobre las causas y los efectos?
¿He meditado sobre Dios y el alma
y sobre la creación del mundo?
No sé. Para mí pensar en esto es cerrar los ojos
y no pensar. Y correr las cortinas
de mi ventana (que no tiene cortinas).

¿El misterio de las cosas? ¿Sé lo que es misterio?
El único misterio es que alguien piense en el misterio.
Aquel que está al sol y cierra los ojos
comienza a no saber lo que es el sol
y piensa cosas llenas de calor.
Si abre los ojos y ve al sol
no puede ya pensar en nada
porque la luz del sol vale más que los pensamientos
de todos los filósofos y todos los poetas.

La luz del sol no sabe lo que hace
y por eso no yerra y es común y buena.

¿Metafísica? ¿Qué metafísica tienen esos árboles?
La de ser verdes y copudos y echar ramas
y dar frutos a su hora - nada que nos haga pensar,
a nosotros, que no podemos dar por ellos.
¿Qué metafísica mejor que la suya,
no saber para qué viven
ni saber que no lo saben?

"Constitución íntima de las cosas..."
"Sentido íntimo del universo..."
Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada.
Es increíble que pueda pensarse así.
Es como pensar en razones y fines
mientras reluce al comenzar la mañana
y al flanco de los árboles la sombra
va perdiéndose en un oro vago y lustroso.

Pensar en el sentido último de las cosas
es aumentarlo, como cavilar sobre la salud
o llevar un vaso de agua a la fuente.
El último sentido íntimo de las cosas
es que no tienen sentido íntimo alguno.

No creo en Dios porque nunca lo he visto.
Si él quisiera que yo creyese en él
sin duda que vendría a hablar conmigo,
empujaría la puerta y entraría
diciéndome: ¡Aquí estoy!

(Tal vez esto suene ridículo
para aquel que, por no saber lo que es
                              mirar las cosas,
no comprende al que habla de ellas
con el modo de hablar que enseña
                              el verlas de verdad.)

Si Dios es las flores y los árboles,
los montes, el sol y el claro de luna,
entonces creo en él,
creo en él a todas horas,
toda mi vida es oración y misa,
una comunión con los ojos y los oídos.

Pero si Dios es los árboles y las flores,
los montes, la luna, el sol,
¿para qué lo llamo Dios?
Lo llamo flores, árboles, montes, luna, sol.

Si él se ha hecho, para que yo lo vea,
sol y luna y flores y árboles y montes,
si él se me presenta como árbol y monte
y claro de luna y sol y flor,
es porque quiere que yo lo conozca
como árbol, monte, luna, sol, flor.

Y yo lo obedezco
(¿Sé yo más de Dios que Dios de sí mismo?),
lo obedezco viviendo espontáneamente,
como uno que abre los ojos y ve,
y lo llamo luna y sol y flores y árboles y montes
Y lo amo sin pensar en él
y lo pienso con los ojos y los oídos
y ando con él a todas horas.

Alberto Caeiro
O Guardador de Rebhanhos


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