Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


11.10.05  :: 07:07
Panajab

Los misterios son inabarcables con la razón. Son incomprensibles, por eso son misterios. Y aunque el intelecto busque desentrañarles - analice sus síntomas y conjeture universos curvos y túneles en el tiempo que se resuelven en fusiones nucleares -, su esencia se mantiene inescrutable.

¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Qué es lo que sostiene este mundo que experimentamos?

Para los pueblos mayas de hoy, como herederos de una cultura antigua, los ritos han sido la manera de experimentar los misterios. En ellos, a través de símbolos, desde lo arcaico, expresan la comprensión que tienen de sí mismos ante lo que es en sí mismo incomprensible. Así, con un rito celebran los nacimientos y con otros despiden a los difuntos. Con un rito ponen sus esperanzas en la siembra y con otro se alegran por la cosecha. Así es también que preparan un matrimonio y así es que crían a sus animales. Hay un rito para expresarse como comunidad en todo punto de encuentro con lo insondable.

Entendida la muerte como el encuentro con los antepasados, se enciende por los que fallecen una candela negra frente al poniente, el lugar donde se termina el día y donde la vida entra en la tranquilidad. Entendida como un viaje que se emprende hasta la próxima vida, se colocan en la caja del muerto, la taza donde tomaba bebida de maíz o café, el plato en que comía, su bastón si era anciano y su morral; y en la casa siempre hay agua para ellos y en las próximas celebraciones de Días de Muertos, alguien les llevará comida para comer y platicar con ellos sobre su tumba en el cementerio. A los difuntos no hay que olvidarlos, así fue dicho en el Popol Vuh.

Quizás uno de los elementos de identidad cultural que mejor resistió la guerra civil que durante treinta y seis años afectó Guatemala y que costó más de 200,000 muertes, es el sentido religioso de las comunidades mayas. Sentido religioso que se preservó junto con otros elementos culturales comunes desde la época colonial en el aislamiento y la marginación de que han sido históricamente objeto las comunidades indígenas rurales guatemaltecas. No se puede decir lo mismo de sus estructuras de organización colectiva ni de sus medios de producción material que, por estrategia militar, sí fueron gravemente afectados durante el conflicto. Comunidades pobres tachadas de rebeldes y de colaborar con la guerrilla, masacradas continuamente, que encima llevaron a cuestas el dolor moral - entendible desde sus tradiciones - de no poder concluir el duelo por sus familiares desaparecidos y enterrados en cementerios clandestinos.

Ahora otra vez la muerte masiva se lleva mayas sin dejar que sus deudos puedan recuperar sus espíritus.

PanajabPanabaj y Tzanchaj, dos comunidades de Santiago Atitlán, Sololá, serán convertidas en camposanto tras haber sido sepultadas sus 1,500 casas por un alud de agua, lodo y rocas. No se han podido recuperar ni cien cuerpos. En algunos lugares, el espesor del fango alcanza los cinco metros. Nadie sabrá a ciencia cierta ni cuántos ni quiénes ahí murieron. ¿Quién dará fe de ellos, si toda la familia y todos los amigos ahí perecieron? ¿Quién hará un ritual por la partida de cada uno de ellos? ¿Quién los recordará?

En la medida en que la ayuda llega a las comunidades más aisladas aumenta el número de decesos causados por las inundaciones y los cerros desgajados que dejó a su paso el huracán Stan. El domingo se supo que en la comunidad de Tacaná, situada en las faldas del volcán del mismo nombre en la frontera con México, otro alud mató a 133 personas. En México, suman 2,900 las comunidades afectadas y la ayuda no fluye. Se sabe que hay afectados que para recibirla han debido atender a actos políticos. Y viene peor, se pronostica que las lluvias continuarán.

Mientras tanto, en otras latitudes, otros políticos y sus empresarios representados se preguntan ya, ¿de quiénes son las tierras, las aguas y los recursos naturales que la reducción de los casquetes polares empieza a hacer accesibles? (Nota del The New York Times) La tierra es de los vivos. Ése no es misterio.

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