Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


2.12.05  :: 23:44

La Furia del Dios Thor. III

« (...) Al caer la noche y mientras la artillería seguía disparando, un nuevo rugido macabro colmó el cielo. Los aviones de combate habían llegado puntuales y hacían su estrepitosa aparición con una serie de bombardeos aéreos masivos. Entre las perniciosas bombas y los feroces disparos de la artillería, el cielo parecía incendiarse cada vez durante algunos minutos. Primero se veía una enorme llamarada en el horizonte, como si un relámpago hubiese caído sobre un depósito de dinamita; luego se escuchaba la estridente explosión que hacía que el estómago se te revolviese y los ojos se te salieran de sus órbitas, además de venir a comprimirse en lo hondo de tus pulmones. Si bien las bombas estaban siendo arrojadas a no más de un kilómetro de distancia, se sentía como si te estallaran justo frente a la cara. Al principio era imposible no estremecerse con cada bomba repentina, pero después de varias oleadas de intensas explosiones, los sentidos se te alertan y hasta las toleran.

« A veces los aviones retumbaban amenazadoramente bajos sobre la ciudad y abrían fuego con misiles más pequeños diseñados para extrema precisión. Top Gun, con toda su aclamada gloria cinematográfica, careció de esto a pesar de su alto presupuesto para efectos sonoros. Los misiles chillaban como banshees - como demonios sónicos -, cohetes en forma de botella impulsados con plutonio que de un instante a otro eran inaudibles. Segundos después una colosal explosión rasgaba el cielo y golpeaba la tierra devastándola y levantando flamas y escombros por el aire. Y como siempre, la artillería - algunos proyectiles eran altamente explosivos, unos eran para iluminar, otros se reportó que eran fósforo blanco (el napalm de hoy día). Ocasionalmente, desde las afueras del área bombardeada, se podía oír a los tanques disparar sus ametralladoras y detonar sus cañones. Parecía increíble que alguien o algo pudiera sobrevivir a esta avalancha mortífera. (...)

« Durante toda la noche seguí observando el asalto final a Faluya desde lo alto de mi Humvee. Era interesante examinar el vasto cielo con gafas para visión nocturna. Un conjunto de helicópteros de combate sobrevoló la ciudad durante toda la batalla. Los más devastadores eran los cobra y los apache equipados con lanzamisiles en batería. Gracias a la visión nocturna podía verlos quedarse suspendidos sobre la carnicería para escrutar el terreno con rayos infrarrojos que parecían tener un radio de acción de varias millas. Una vez avistado un objetivo, resonaba una rápida serie de disparos huecos y de la tierra llegaba un ra-ta-ta-ta-ta como el de un artificio de petardos durante un festejo del 4 de julio. Más artillería, más tanques, más metralla, los siniestros aviones de combate arrasaban en la ciudad manzanas enteras... Esto no era una guerra, ¡era una masacre!

« Al recordar aquellos ataques aéreos que duraron hasta bien entrada la mañana siguiente, no puedo evitar sentirme sorprendido frente a la tecnología moderna y a la vez sentir náuseas por el uso que de ella se hace. Muchas veces durante el sitio se me ocurrió pensar, que mientras la resistencia de Faluya nos combatía valerosamente con armas arcaicas de la Guerra Fría, nosotros volábamos muy por sobre lo alto de sus cabezas dejando caer la furia de Thor con un poder de destrucción y precisión que bien podían ser nucleares (...) »

hEkLe, Noviembre 19, 2004
Fight To Survive
(traducción libre)

La furia de Thor. La frase se quedó como uno de esos helicópteros sobrevolando mi cabeza.

Tres soldados, en ese entonces activos en Irak, iniciaron en septiembre del 2004 un blog al que llamaron Fight To Survive bajo los pseudónimos de hEkLe, Heretic y Joe Public. En él vertieron sus reflexiones, poemas y puntos de vista sobre la guerra, principalmente sobre la guerra con Irak, tras describirse a sí mismos como « ...un grupo de soldados que están peleando [por sobrevivir] en una guerra a la que se oponen por un presidente que ellos no eligieron mientras los complejos petroquímicos convierten en petróleo la sangre de los compañeros caídos ».

La lectura del extenso relato del asalto a Fayula escrito por hEkLe en su blog tan sólo unos días después de ocurrido, y al que pertenece el fragmento que he traducido aquí, me llevó a investigar si el blog en verdad había sido dado de alta antes de esos días y cuál había sido el tono desde su principio. Los textos que hallé en los archivos y que bien lo valen, me llevaron a leer el blog entero, comentarios incluidos. Es una buena lectura bélica, creo. La mala nueva es que no es ninguna ficción. La buena nueva es que hEkLe no es sólo un personaje.

JD Engelhardt aka hEkLe, (anteriormente) especialista de la primera División de Infantería del Ejército Norteamericano, dio a conocer su identidad y cargo para responder por sus opiniones a los ataques que recibió por publicar sus puntos de vista. También debió soportar la aversión a que se hizo acreedor cuando su superior descubrió, aún estando activo, los temas sobre los que escribía y su parecer disidente. Tanta fue, que deseo juzgarlo marcialmente por alentar al enemigo, pero tanto él como los otros dos coautores fueron dados de baja honorablemente en verano del 2005. Fueron buenos soldados, pero les sobraba razón para ser los soldados ideales.

Ahora que Bush y la guerra en Irak pierden popularidad entre el pueblo norteamericano, y que parecen contados los días para que el gobierno de Estados Unidos modere sus pretensiones energéticas, no hay que olvidar que han habido hombres y mujeres valientes en el seno de ese coloso, que mantuvieron el sentido común.

« La mejor manera de acabar con el terrorismo,
es dejando de participar en él
», Noam Chomsky

Y aunque no es el sentido común el que se impone en este desenlace, ciertamente, sino el hartazgo y las razones económicas, en una sociedad todos los modos de pensar cuentan, como en un sistema de vectores, para obtener su resultante. Una sociedad sin pensadores, es una sociedad sin posibilidades de evolución.

« Honestamente no puedo recordar las razones por las cuales me alisté en el ejército norteamericano, pero puedo asegurarles que eran erróneas. Hace tres años, antes del 9S, me uní al ejército buscando refugio de una existencia mundana y escape de un pueblo atávico, por ganar dinero en la única manera en que sabía hacerlo y por la oportunidad de viajar (...) No tenía idea de que podría ir a la guerra, de que mataría sin pensarlo y de que serviría a los propósitos de los políticos neoconservadores. Pero estoy aquí y toda esta crisis mundial no es sino mera evidencia de lo que puede ir mal cuando una nación entera sumida en la apatía permite a la ignorancia y a la codicia girar el engranaje de la sociedad »
hEkLe, Septiembre 15, 2004.

No en vano Thor, el dios al que este soldado evoca, se cuidaba de no romper el delicado puente de luz sagrada que une la morada-campamento de los dioses guerreros, en espera de la batalla final entre el bien y el mal en la que hasta ellos mismos esperan perecer, con aquello que mantiene la armonía en el universo. Hasta Thor, el rudo dios nórdico del trueno y de la guerra que protegía a los vikingos de los gigantes del frío, tenía el cuidado de no cruzar el Bilfrost - el arcoiris - que unía a Yggdrasil, el fresno cuyas tres raíces mantenían unido al universo tanto visible como invisible, con el Åsgard, la morada de los dioses, por temor a que el tremendo calor de sus rayos o el estruendo causado por sus truenos pudieran romper el puente.

Cada vez que escucho de un nuevo ataque terrorista, me pregunto, ¿quién daña el arcoiris? ¿O será tan sólo que a cada acción corresponde una reacción?

Desde 1980, Inglaterra y 80 países más han firmado la Convención sobre Prohibiciones o Restricciones del Empleo de Ciertas Armas Convencionales que Puedan Considerarse Excesivamente Nocivas o de Efectos Indiscriminados, que en su Protocolo III prohíbe el empleo de armas incendiarias - las concebidas para incendiar objetos o causar quemaduras mediante la acción de las llamas o del calor - en contra de personas civiles, ni cuando se lancen por aeronaves contra objetivos militares situados dentro de una concentración de personas civiles. Estados Unidos, no.

Una traducción al Español del texto entero al que corresponde el fragmento citado al inicio, fue publicada en marzo de este año en Rebelión y se puede leer aquí, aunque a mí en lo personal me parece que el traductor pierde algo, quizás las expresiones del soldado, en aras de un estilo también impresionante, aunque de un modo distinto.

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