Asakhira
Explorando territorios Patricia @révalo
Vamos siendo nuestra propia isla,
arriesgando leyendas
sobre los límites del mundo ...
                           Teresa Melo, Cuba


26.12.05  :: 16:13

Tengo gripe navideña. Me gotea la nariz, los ojos los tengo llorosos y no encuentro las ganas de contestar como me gustaría las felicitaciones que amablemente algunos amigos me han hecho llegar.

No es ninguna novedad. Me suelo acatarrar en esta época, pero infaliblemente me agravo en Noche Buena lo que me hace sospechar que soy alérgica a la cena familiar o algo parecido, porque hasta el año que la pasé veraneando en Buenos Aires y en la agradable compañía de una muy querida amiga y su familia, no me escape de moquear. Ojos y nariz me escurrieron bochornosa y excesivamente, irritados por el humo y el olor a pólvora de fuegos artificiales como nunca antes había presenciado en cantidad.

El caso es que no hallo el modo de consumar la ceremonial cena sin congestión nasal. Corrijo. Sí he hallado uno, aunque no para hacerlo en pleno goce de salud sino, literalmente, en un breve respiro en medio del malestar.

La ocasión en que encontré remedio, me sentía tan mal que decidí irme a dormir sin siquiera cenar; eso sí, no sin antes beber una copa y de algún licor fuerte que me sumiera en un sueño tan reparador como aquel que sigue a una mona. Hallé media botella de Galliano. Al primer sorbo, el brebaje amarillo obró un milagro: la faringe se me abrió y pude respirar. Me animé por un segundo trago, que de inmediato detuvo el flujo de mi nariz y me permitió abrir los párpados. Al tercero, el sabor intenso penetró como llama cáustica desenzolvando hasta la más pequeña de mis congestionadas vías respiratorias, cesó el escalofrío y mi cuerpo se calentó. Aliviada, pude seguir así un gran rato hasta que la prudencia me indicó que ya me estaba pasando de licor y era hora de ir a la cama y dejar que mi cuerpo y la enfermedad continuaran con su lucha de forma natural.

Según yo, la gripa es una enfermedad de aguantar y descansar. Por eso no suelo tomar antigripales que no sean esa mágica infusión que preparan las yerberas del mercado con flores de saúco y gordolobo, ocote, violeta y bugambilia; o miel caliente con limón; o té de canela; o Licor de Galliano, desde que lo descubrí. Y no los tomo porque creo que no hacen nada sino irritar el estómago que de por sí se irrita con tantas secreciones, y ocultar bajo una futura sinusitis los síntomas de una enfermedad viral de la que solito el cuerpo se cura mientras las secreciones fluyan (por eso se recomiendan los líquidos) y no se provoque una infección bacterial.

Otros dicen que los catarros son la somatización del hartazgo y de la necesidad de apapacho; y que por eso son así: una obstrucción del natural fluir. No puedo negar que alguna parte me toca.

Esta Noche Buena no hubo para mí Galliano. A eso de la una de la mañana, yo no pude más. El quinteto que conforman mis sobrinas, excitado por la docena de regalos que recibió cada una de ellas de parte de padres, tíos y primas, seguía acaparando toda la atención e impidiendo cualquier charla de más de un par de frases entre los adultos y esta acatarrada a la que alguno no dudo en llamar amargada, mientras que en la tele repetían por tercera vez y a todo volumen El Expreso Polar. Así que me fui temprano a la cama a cuidar de mí misma y a esperar el 25 y la hora de limpiar y de sacar más de cinco bolsas enormes de despojos de envolturas y botellas vacías, evidencia de una inolvidable, como todas, Cena de Navidad, que lo que sí disfruto a tope es preparar.

Hablando con Armando de cómo pasé la fiesta, me comenta él que lo pasado con mis sobrinas es sólo un ejemplo de lo que pasa con los niños educados por la Generación "X": una generación educada en el miedo (por los Baby Boomers de la posguerra) que a su vez tiene miedo de educar.

Busco algunos datos. Es complejo. Nacidos bajo el reinado de la confusión, en los que nada es infalible ni para siempre, la Generación "X" somos los medrosos hijos de los hippies y del divorcio, que crecimos mientras se derrumbaban las estructuras sociales, amenazados continuamnete por todo lo que se descubría que hace daño y en crisis económica constante. La primera generación que no consigue una mejor vida que sus padres; que se crió mirando comerciales de televisión y mamando marketing; que acumula posgrados sin mejorar laboralmente; que piensa que para hacerse ricos hay que poner un bar o un restaurante y que para no fallar, deja que a sus hijos los eduquen los Teletubies y Barney, los terapistas y la escuela.

En fin, el mundo rueda y a cada época lo suyo. ¡Que siga la fiesta!

Pd: Esta vez yo arreglé el salón, hice el centro de mesa, una sopa juliana de verduras y el puré de manzana. Mi mamá, en cuya casa fue la cena, hizo tortitas de camarón con romeritos (mis favoritas) y bacalao a la vizcaína. La única cuñada que me queda, preparó esta vez deliciosamente el pavo. Los dos más lindos regalo que recibí fueron mi agenda y un jueguito de tazas chino para servir el café.

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